02 Psicoterapia

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Tres son los pilares de mi práctica, por lo que integro a la psicoterapia psicoanalítica, a la psicoterapia afirmativa y a la teoría del apego.

¿Acaso nuestra teoría no pretende justamente establecer un estado que jamás se produce
por sí solo en el yo y cuya creación constituye la diferencia esencial entre una persona
que ha sido analizada y otra que no lo ha sido?”

(Freud, 1937).

 

El psicoanálisis no es únicamente una forma de psicoterapia, sino también una teoría sobre el funcionamiento psíquico del ser humano y un método de investigación; se trata de un tratamiento que nos hace ser humildes, pues va en contra del “pienso, por lo tanto soy”
cartesiano. La propuesta psicoanalítica del inconsciente representa un golpazo (afronta narcisista) a la humanidad, pues bien decía Freud que “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”. Se trata de un método que busca que asumamos nuestros límites y que propone el reconocimiento del otro en cuanto que otro, así como la modulación de la agresividad vital para que no degenere en violencia.

“Es el método, no la teoría, con el cual nos acercamos al paciente y es el que define el trabajo analítico. Estoy plenamente consciente que el método es un conjunto complejo de actitudes y leyes, y la observación desapasionada es parte de él” Sesión a sesión intento transportarme a otra vida; es decir, comprender la vida psíquica de mis analizantes por medio de otra vida psíquica distinta (la propia).

La narrativa de cada sesión es revisada cautelosamente para posteriormente analizarla en conjunto con el material recabado durante el proceso; se trata de un círculo hermenéutico donde uno va del todo a las partes y de las partes al todo.

Mi práctica psicoanalítica está comprometida con el ser humano y no con el establishment: considero que debemos de replantear sus postulados, pues son provisorios y no verdades incuestionables ¿Elegiremos una práctica profesional que tienda al bienestar y a la reducción del sufrimiento psíquico de las personas que conforman la sociedad o más bien una técnica dirigida a la adaptación de las personas a una sociedad que homogeniza y no da lugar a las diferencias?

Las razones por las que una persona lesbiana, gay, bisexual, trans, queer, intersexual, asexual, género fluido, no binaria, poliamorosa y/o en una relación abierta, solicita iniciar un tratamiento psicoterapéutico son las mismas que las de las demás: pueden sentirse tristes o ansiosas; quizá tuvieron una pérdida reciente; un rompimiento… Desafortunadamente, muchos individuos LGBT+ llegan con una carga adicional de trauma y vergüenza relacionada con su orientación sexoafectiva, así como su identidad o expresiones de género.

El heterosexismo es la base de toda normatividad, lo que da pie a la “homofobia”. Este término hace referencia al miedo, odio, desconfianza o incomodidad frente a las personas gais. Una fobia se refiere a un miedo patológico, desbordado e irracional, así como a una respuesta sin control por parte de las personas para evitar al objeto de la fobia, por lo que no es del todo correcto llamarla así, sino LGBT+prejuicios, socialmente reforzados que se distinguen de los trastornos mentales por sus fundamentos ideológicos, morales y éticos. En mayor o en menor medida, dichos LGBT+prejuicios se interiorizan, lo que nos hace cuestionarnos si “tenemos algo mal” por no ser heterosexuales, cisgénero y/o monógamos. Existe evidencia contundente que señala que la interiorización de dichos prejuicios se asocia con mayor malestar emocional.

La psicoterapia afirmativa pretende validar y defender las necesidades de les clientes de minorías sexuales y de género. Por afirmativo quiero decir que no vemos a las personas desde la perspectiva de que están defectuosas o que necesitan ser reparadas, sino todo lo contrario: reconocemos su fortalezas y “nos agarramos de ahí” para poder trabajar, pues ese empuje/garra les ha permitido funcionar por muchos años, al tiempo que han soportado circunstancias profundamente difíciles y dolorosas como el rechazo de su familia de origen, acoso y hostigamiento escolar, falta de figuras de identificación positivas, verse forzadas a vivir “dos vidas”, así como discriminación, por mencionar algunas. Se trata de un vaivén entre la historia personal y el impacto de la opresión sistémica, el racismo, el sexismo, los LGBT+prejuicios y la xenofobia en la salud mental.

El apego es un vínculo relativamente perdurable, donde el otro es importante como un individuo único y no intercambiable con el que se quiere mantener cierta cercanía física y afectiva. Se trata de un lazo irreemplazable que se construye a través de las interacciones entre ambos miembros de la díada.

Las figuras de apego o de base segura proveen protección en situaciones de peligro y garantizan nuestra supervivencia. A pesar de que han disminuido las amenazas por parte de predadores, existen distintos riesgos ambientales que ponen en jaque nuestra subsistencia, seguridad y bienestar, por lo que la posibilidad de formar vínculos de apego se cimienta en la evolución misma. Para que un vínculo de apego se construya, se requiere de interacciones continuas con nuestras figuras de apego. El término apego seguro se refiere al uso habilidoso de la base segura (figura de apego) en tiempos y contextos distintos, así como a la confianza en su disponibilidad y responsividad.

Pasado un tiempo, idealmente la persona terapeuta se convertirá en una figura de apego temporal, al asumir las funciones de un cuidador sensible, reparar la confianza perdida, restaurar la seguridad e inculcar dos habilidades claves: la regulación de las emociones y la intimidad saludable.

Les clientes internalizan la sensibilidad, calidez y comprensión de su terapeuta convirtiéndole en un recurso interno para encontrar fuerza y ​​apoyo. Es el trabajo del terapeuta, en su rol de figura base segura y refugio de seguridad, guiar a les clientes a medida que avanzan su recorrido en aguas desconocidas, ayudar a que se mantengan esperanzades y resistan el dolor, la tristeza, la ira, el miedo, la ansiedad y la desolación que podrían necesitar enfrentar.

01Solicita una cita por correo electrónico o llenando el formulario de contacto.
02En cuanto me sea posible, te buscaré vía telefónica para concretar el día y la hora de nuestro encuentro.
03Tomaré aproximadamente cuatro sesiones para evaluar el motivo de consulta, realizar un diagnóstico y un pronóstico, además de generar en conjunto las metas u objetivos terapéuticos.
04Al finalizar este período de evaluación, obtendrás una devolución de mi parte y un plan de tratamiento –o de canalización si no soy la persona adecuada para apoyarte-
05El número de sesiones y la duración del proceso dependerá del problema a tatar, de tus metas y de la profundidad deseada.
06Las sesiones pueden ser online, presenciales o en formato mixto; tienen una duración aproximada de 50 minutos para que pueda descansar entre analizantes y realizar anotaciones/prepararme para la siguiente sesión.